¿El fin justifica los medios?

Mañana es nuevamente 6 de agosto. Mañana, una vez más, recordaremos a las víctimas del acto más cruel, cobarde y sangriento de la Historia de la humanidad. Hace 68 años los EEUU lanzaron una bomba de unos 20 kilotones sobre la ciudad de Hiroshima. La explosión mató instantáneamente a casi 100.000 personas. Casi otras 100.000 resultaron heridas y muchas murieron los días siguientes. La radiación provocó enfermedades y síntomas nunca antes vistos. Se calcula el número de hibakusha de Hiroshima, entre supervivientes y descendientes de supervivientes, en unas 250.000 personas. Casi medio millón de personas por la explosión de una simple bomba. Y no contentos con ello, los EEUU lanzaron una bomba aún más potente sobre Nagasaki que, por fortuna, no tuvo ni la tercera parte de efecto que la de Hiroshima. 


Hace un año escribí sobre ello, no quiero repetirme. Solo quiero pararme a pensar un momento en las víctimas, pensar en ellas, llorar por ellas, y rogar por que nunca vuelva a suceder algo similar. Porque si nos ponemos a pensar en números, si convertimos a las víctimas, personas muchas de ellas civiles inocentes, médicos, religiosos, profesores... si las convertimos en números, estaremos justificando este tipo de actos.

Si transformamos la dignidad humana en un simple dato estadístico, la vida humana pierde todo su valor. Un general militar puede pensar que destruir 200.000 vidas en un solo instante es mejor que prolongar una guerra que se llevaría por delante más del doble. Pero... ¿se para a pensar en las consecuencias que producirá una u otra acción?

Justificar la muerte... eso es algo que solo puede hacer un militar. Qué asco. Qué vergüenza. Qué poco se merecen ellos llamarse a sí mismos seres humanos. Piensan en la guerra como un juego de estrategia. Piensan en las vidas humanas que arrebatan como un daño colateral. ¿Saben acaso lo que significa esa palabra? Si tanto les gusta matar, que vayan a matarse en medio de un desierto donde no le hagan daño a nadie más. Nadie se merece que le arrebaten su dignidad ni su vida por una decisión militar. Justificar la muerte te convierte en algo menos que humano. Yo sentí vergüenza como ser humano cuando visité Hiroshima, al ver lo que somos capaces de hacer, el dolor que somos capaces de causar por cualquier nimia causa, el nivel de muerte que podemos justificar. Yo sentiría vergüenza si fuera estadounidense. Yo sentiría vergüenza si fuera militar.


¿El fin justifica los medios? Algunos creen que sí. Yo opino que no. No es justificable matar personas a cambio de poder político, económico o militar. No es justificable el terrorismo, pero tampoco es justificable el contraterrorismo militar. Siempre hay una vía alternativa para hacer las cosas, pero casi nunca es la más rápida, la más barata ni la más fácil. Y eso, en este mundo en el que vivimos, sí que no es justificable por aquellos que buscan el poder político, económico o militar.

Matar o morir. Algunas personas solo matarán si no tienen alternativa. Otras personas preferirán morir. Las personas que eligen matar sin la amenaza de morir son las que justifican la muerte de miles de personas a cambio de una satisfacción personal sin pararse a pensar en las consecuencias. Porque tal vez lanzar la bomba acabó la guerra pero... ¿a qué precio? Arrasó completamente una ciudad. Creó una nueva casta dentro de Japón, los hibakusha, rechados y marginados por el resto de la sociedad. Provocó la ocupación americana y, por tanto, la introducción de la cultura no occidental en un país que había sido bastante hermético a este tipo de influencias gracias en gran medida a su condición de archipiélago. Modificó la economía del país debido a la prohibición de tener un ejército propio. Pero, al menos, nunca le pudieron quitar la dignidad a un pueblo que, pocos días después de haber sido bombardeado, se sintió honrado y orgulloso por escuchar por primera vez la voz de su Emperador anunciando la rendición del país por la radio; prácticamente nadie entendió nada de lo que dijo, ya que Hirohito hablaba en el lenguaje de la corte, muy diferente al lenguaje del pueblo.

Muchas cosas han cambiado desde entonces. Muchas otras, no. Siempre habrá gente que piense que los seres humanos no son más que números en un papel y bajas asumibles en una operación militar. Y siempre habrá gente que piense que la dignidad de los seres humanos están por encima de la luchas de poder, del dinero y de la guerra. 

¿El fin justifica los medios? Hay que pensar en el resultado. Pero también hay que pensar en los medios que empleamos y en las consecuencias de las acciones que tomamos.


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