Ni sí, ni no

Ni todo lo contrario, que cantarían Lendakaris Muertos.

Es triste escuchar cada día las mismas mentiras, las mismas palabras vacías, los mismos mensajes huecos. La verdad ha perdido todo valor, porque ya ni se da por supuesta. Lo que se da por supuesto es la impunidad, es la mentira, es la falacia, el truco, el robo, la gracieta, la picaresca, el engaño y el salirse de rositas.

El imperio se dirige hacia el colapso, de eso no hay duda. Seguramente no lo veamos, y eso es un gran consuelo. ¿Quién querría ver el final de una era, el retroceso de siglos de progreso? Una muerte rápida siempre es mejor que una muerte lenta.

Es muy duro asimilar el paso del tiempo, el avance de los días, la caducidad de la vida, el sinsentido de la existencia. El futuro y el pasado. El miedo a la incertidumbre. Y, sin embargo, vivimos con ello, avanzamos y reímos y soñamos y amamos. Aunque todo al final se reduzca a una simple nada.

La verdad ha perdido su valor, si es que alguna vez la tuvo. Quizás la Historia no sea más que una gran novela escrita por un demiurgo aburrido y cruel, como un escritor ruso borracho de vodka e ínfulas de grandeza. La mentira es un precio muy pequeño a cambio de la eternidad.

O todo lo contrario.

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