Diferencias de opinión

No hay nada más triste que matar al otro por pensar diferente a ti. Así se inician las discusiones y, sí, también las guerras. Solo por una diferencia de opinión.

Todos tenemos opiniones diferentes. Pensamos cosas distintas. Creemos en cosas diversas. Las ideas, por suerte, no matan. No matan si están en la mente. Cuando bajan a la lengua, al menos hieren. Cuando bajan a las manos, seguro que hieren e incluso pueden matar. Cuando bajan a la práctica, las ideas se pueden convertir en un arma muy peligrosa.

Nadie tiene la verdad absoluta, porque lo único absoluto en esta vida es la muerte. Y no podemos pretender construir un absoluto sobre ideas, vivencias, leyendas o actos. La verdad es indefinida e incluso mutable. Los hechos son interpretables. Las palabras son interpretables. Los actos son interpretables. Y ahí está el mito de la caverna de Platón para recordarnos que nuestra verdad simplemente es lo que tenemos delante de nuestros ojos.

Imagínate a dos personas que se ponen a discutir sobre el mito de la caverna de Platón. Uno dice que es la verdad. Otro dice que la verdad es lo que hay fuera de la caverna. Y entonces cada uno pilla una pistola y se lían a tiros hasta que uno de los dos muere. El vencedor se hace con el absoluto de la muerte de su rival y además decide hacer absoluta su verdad. "El que no crea en mi verdad, morirá", se dice a sí mismo.

Así de simple, así de absurdo, es como se inician las guerras. Yo creo o pienso u opino algo diferente a ti. Y uno de los dos decide matar al otro. Así de triste es la guerra. Así de triste es el odio. Así de triste es la intolerancia. ¿Y si fuera yo quien te matara a ti? Todos nos creemos el bueno de nuestra historia. A nadie le gusta sentirse el malo. La razón es demasiado poderosa para eso, siempre encontraremos un motivo para justificar nuestros actos, aunque conlleve la muerte de otra persona. "Era él o yo. Me obligó a hacerlo. Me sentía amenazado. Era una amenaza. Estamos mejor sin él. Solo busco el bien común. Era un rojo. Era un peligro. Era un maricón." Y así, hasta el infinito. ¿No vemos el absurdo de todo esto?

Creo que casi todos estamos de acuerdo en que la guerra es mala y hay que pararla. Entonces, ¿por qué es tan difícil? ¿Por qué siguen existiendo conflictos bélicos, muerte, miseria? ¿Por qué los seres humanos se siguen matando unos a otros, cuando lo único absoluto en esta vida es la muerte?

Quizás pretendemos crear un absoluto inexistente (nuestra verdad) a base de sumar y sumar y sumar absolutos reales (muertes). Quizás a más muertes, más absoluta será mi verdad. Quizás a más muertes más alta se verá mi verdad. Quizás a más muertes más justificaciones tendrá para causar tantas muertes. Quizás a más muertes uno ya no se pueda echar atrás.

Hoy, 6 de agosto, una vez más, reivindico el absurdo, lo triste, de la guerra. Porque matar al otro no sirve para nada más que para justificar una opinión personal.



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