Las reglas del juego

Nos vemos obligados a jugar a un juego en el que no hemos elegido las normas. Y no sólo eso, sino que si intentamos cambiarlas, se nos reprende. Y más allá de eso, escapar del juego es prácticamente imposible.

El juego no se llama vida, porque tiene unas reglas muy sencillas. El juego se llama sociedad. Una sociedad que ha ido cambiando, poco a poco, las reglas del juego. Unas veces para hacerlas más flexibles. Otras, para evitar que nadie escape del tablero. El tablero es un ente indeterminado que llamamos sistema, y el sistema no deja que nos escapemos.

La sociedad dicta las pautas de comportamiento, establece los modelos en los que fijarnos, las directrices de nuestros movimientos, muy limitados ya desde que nacemos. Dicta cómo debes relacionarte con los demás, con tus familiares, tus amigos, tus compañeros y tus parejas. Todo lo que se salga de la norma será perseguido, castigado, humillado y finalmente silenciado.

El sistema impide que puedas crear un nuevo juego. Tienes que jugar con lo que te toca, mientras te dicen que puedes lograr lo que quieras si te lo propones. La diferencia es que no todos empiezan el juego desde la misma casilla, sino que unos pocos ya están en lo alto de la escalera, otros llevan muchos turnos en la cárcel del monopoly y algunos ni han llegado a la casilla de inicio de la oca.

Las cartas están marcadas. Las leyes están fijadas. Así es el juego. No nos gusta a nadie y, sin embargo, jugamos. Al fin y al cabo, los juegos están hechos para divertirse. La única alternativa es no ser feliz.

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