Hablar para escribir

Antes escribía para hacerme pensar. Últimamente, como apenas escribo, me cuesta más. Pero me he dado cuenta que hablando, igualmente, me hago pensar. Lo único que las ideas se me van, sin poder atraparlas entre tinta digital. Pero cuando me pongo a hablar, voy saltando de una cosa a otra, enlazando temas, sin rehuir ningún asunto, aunque sea polémico. Y suelto unas rajadas que pensaba que ya no podía soltar.

Y así, me fuerzo una vez más, aquí delante del ordenador, a ponerlo por escrito. Ayer hablé de un montón de cosas. Tantas, que me hubiera gustado grabarme para, al menos, poder desarrollar por aquí alguna más. Pero nada, se me escurren entre los dedos. Quiero hablar del día D. Quiero volver a hablar de por qué la competitividad no es buena. Quiero volver a  hablar, como tantas veces antes, del absurdo sistema capitalista. Quiero volver a hablar de los políticos, de cómo nos mienten en nuestra cara y se ríen mientras se llenan los bolsillos con nuestro dinero. Pero también quiero hablar de temas menos mundanos como del duelo, de la depresión, del amor libre, de la felicidad que se encuentra entre las páginas, de mis futuros hipotéticos, del concepto de familia, de cómo las opiniones no pueden negar las realidades ni los derechos de los demás. Del aborto. De la realidad, si es que eso existe.

Quiero hablar de muchas cosas, y por suerte las dejaré por aquí. Y quizás salga algo interesante, o quizás no. Ayer fue un día productivo en palabras, aunque se las llevó el viento y las ahogó la cerveza. Mañana, ya veremos.

Seguiremos informando.

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