Vergüenza

Siguen las mismas noticias en la TV. Cientos, miles de personas, se echan a la mar sobre enormes balsas, en busca de un futuro mejor. Son jóvenes, chicos y chicas, niños y niñas, hasta bebés. Hacinados en estructuras apenas flotantes, embargados y arruinados a cambio de comprar un pasaje hacia la esperanza. Y tiñen el mar de negro y rojo, y tiñen nuestra conciencia de vergüenza.


Esas personas solo huyen del hambre, de la miseria, de la guerra, de la muerte. Solo aspiran a un futuro mejor, lejos de la esclavitud, las armas, la hambruna, la intemperie. Huyen dejando atrás familia, amigos, tierra, cultura. Y se embarcan en pos de una aventura cuyo fin no son capaces de imaginar.

Siento vergüenza, verdadera vergüenza, cuando esas personas no son rescatadas y se las deja morir en el agua, frente a nuestras costas. Siento vergüenza cuando a un barco humanitario, cargado hasta los topes de seres humanos, no se le da permiso para atracar y poder dejar en tierra a su carga. Siento vergüenza ante la poca empatía hacia las personas migrantes y hacia los voluntarios de dichos barcos.


¿Qué diríamos nosotros si estuviéramos en su piel? ¿Si fuéramos nosotros los que huyéramos de nuestro país, arrasado por la guerra y el hambre? ¿Si nos embarcáramos en un cayuco, en una lancha, en una patera, en busca simplemente de la libertad, un trabajo, un futuro? ¿Acaso sus sueños son diferentes a los nuestros?

Y, sin embargo, decimos que no. Que no vengan. Que no se echen a la mar. Que no atraquen en nuestro puerto. Que no vengan a nuestro país.
Pero lo que en realidad decimos es que nos importa una puta mierda su país. Que no nos importan sus guerras ni sus miserias. Que no nos importa que en su país se viole y mate a las mujeres y que a los niños se los convierta en soldados. Que no nos importa que la guerra arrase su tierra mientras nuestros móviles sigan teniendo un precio asequible. Que no nos importa que mueran en el mar. Que no nos importan sus vidas, sus sueños y sus miedos.


Qué vergüenza de sociedad. La gente muere frente a nuestra tierra, y nos da igual. Qué vergüenza.

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